martes

Noviembre 27, Lunes


Que Dios derrame bendiciones abundantes sobre sus vidas y familias amigos de “3 Minutos con Dios”.
Llegamos al quinto propósito, que es el único propósito que solo podemos hacer en la tierra. Fuiste hecho para una misión. En Juan 17, versículo 18, Jesús dijo:

«Así como me diste una misión en el mundo, también yo se las di a ellos».

Ahora bien, tienes una misión personalizada, hecha a tu medida, y tienes una misión común a todos los creyentes. En Juan 20:21, Jesús dijo: «Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes». Entonces, ¿a qué se nos envía? ¿Cuál es nuestra misión? Pablo es muy específico. En Hechos 20, nos dice: «Sin embargo, considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios».
Una vez que sé que Dios tiene el dominio, cuando sé que Dios me hizo para amarme, y sé que mi vida no es un caso fortuito sino que la vida tiene sentido, Dios espera que lo comparta con otras personas. Todo lo que hemos hablado durante estos 40 días… Dios dice que una vez que lo entiendas, quiero que los trasmitas a otras personas. Quiero que compartas las buenas nuevas. Hay una palabra para esto, y al igual que las otras palabras vistas en las semanas anteriores, tampoco se entiende bien. Se trata de la palabra «evangelización». Ahora bien, los cristianos y los no cristianos tienen algo en común: a ninguno les gusta esa palabra porque piensan en individuos con mucha presencia, que hablan a los gritos en televisión y dicen: «envíanos tu dinero». Pero eso no es evangelización ni un evangelista. La evangelización es la traducción de la palabra griega que significa «buenas noticias». Eso es todo. Significa buenas nuevas. Por eso la Biblia dice que una vez que conozco las Buenas Nuevas, que Dios me ama, que tiene un propósito y un plan para mi vida, y todas las demás cosas que hemos visto, Dios quiere que las trasmita, que comparta las Buenas Nuevas con los demás.
¿Dónde debo compartirlas? Hechos 1:8 dice: «Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra». Cuando Jesús dijo estas palabras a sus seguidores, ¿dónde estaban? Estaban en Jerusalén. Ese es el punto. Les está diciendo que primero comiencen por casa. Quiero que comiencen con las personas más cercanas a ustedes, ahí mismo en su propia ciudad, en su propia comunidad. Luego dice que quiere que vayan a Judea y Samaria, que es como la localidad vecina, y los samaritanos eran culturalmente distintos a los judíos, eran otra raza. Lo que quería decir era: «Quiero que se las trasmitan a las personas en las cercanías pero que son distintas a ustedes». Y, por último, les dice: «Quiero que vayan hasta los confines de la tierra. Quiero que se las trasmitan a todos».
Primero quiero que se fijen en lo que dice aquí… No dice que tú serás el abogado defensor. No dice que serás el fiscal. No dijo que tú serías su vendedor. No tienes que defender a Dios, ni necesitas «vender» a Dios. Lo único que Dios quiere es que seas un testigo. ¿Qué es un testigo? Un testigo es alguien que se limita a decir lo que vio. Un testigo cuenta lo que le sucedió. Porque, verás, tú eres un experto en tu vida. Nadie puede ser mejor testigo de tu vida que tú mismo. Nadie puede ser mejor testigo de lo que Dios ha hecho en tu vida que tú mismo, porque tú eres la autoridad en tu vida, no otra persona. Por eso Dios dice que lo único que quiere es que le contemos a los demás lo que nos sucedió en nuestra vida. Y nos dice que quiere que vayamos por todos lados, que se lo contemos a las personas de nuestro círculo, a las personas cercanas pero distintas, y a todo el resto de la gente.
Por eso Dios dice que quiere una familia con miembros de todas las naciones. Los quiero de todos lados. Un día todos los creyentes nos reuniremos juntos en el cielo. No se trata de «Misión Imposible». Es una misión infalible. Se cumplirá. Y ha sido el plan de Dios desde siempre. En Efesios 3:11 dice: «Conforme a su eterno propósito realizado en Cristo Jesús nuestro Señor» Esta es la parte maravillosa: Dios nos ha elegido para que cumplamos su misión. La misión que Jesucristo comenzó cuando vino a la tierra, ahora nos dice: «Quiero que la terminen». De un modo u otro, es un cumplido con doble sentido. Dios ha puesto el futuro en nuestras manos.
Escuché esta historia. Dios está en el cielo y un ángel viene y Dios dice: «Mi plan es entregarles las Buenas Nuevas a mis hijos en la tierra y pedirles que las compartan». Y el ángel le pregunta: «¿Y si no lo hacen? ¿Cuál es el plan de contingencia, el plan “B”?» Y Dios le contesta: «No hay un plan “B”».
Nos toca a nosotros. Esta misión es el privilegio más grande que tenemos, estamos haciendo historia; eso es lo que debemos hacer.

sábado

Noviembre 24

Que las bendiciones de Dios sean sobre cada uno de ustedes amigos siempre de “3 Minutos”.
Hoy continuamos con la última parte del cuarto propósito de Dios para tu vida. El día de ayer celebramos el Día de Acción de Gracias y tuvimos una reunión en el gimnasio de la iglesia con mas de 120 personas que se reunieron para testificar de su agradecimiento por todas las cosas que Dios les ha dado. Por “coincidencia” hoy empezaremos precisamente con ese tema.
La Biblia nos dice en Juan 11:41-42:
«Jesús, alzando la vista, dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente.» «Quiero que sepan que te agradezco de que me hayas escuchado».
El servicio conlleva estar disponible. Pero también en segundo lugar para servir como Jesús, debemos ser agradecidos, agradecidos por la oportunidad que tenemos de servir. Jesús tenía una actitud de agradecimiento en todo lo que hacía. Comenzaba con gratitud. Era su actitud en el ministerio. Puedes pensar: «Yo también sería agradecido si pudiera resucitar a los muertos». Sin embargo, Jesús también era agradecido en los momentos difíciles. Jesús era agradecido cuando lo criticaban. Jesús era agradecido cuando las cosas se ponían difíciles en el ministerio. Fue la actitud que caracterizó a su ministerio. Su ministerio y los milagros siempre se desarrollaron con esta actitud de agradecimiento. El apóstol Pablo fue agradecido. Dijo: «Doy gracias a Jesucristo porque confió en mí. Me dio este trabajo de servirle». Y la Biblia habla acerca de nuestra actitud de agradecimiento en el Salmo 100:2. Leamos juntos y «con gratitud» este versículo: «Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo».
¿Por qué servimos a Dios con gratitud? ¿Qué motivos tenemos para estar agradecidos? ¿Por qué disfrutamos sirviendo a Dios y no lo hacemos por obligación? No servimos por obligación sino agradecidos por la gran oportunidad que nos ha dado. Le servimos con gratitud porque él entregó su vida mediante Jesucristo. ¡Nos salvó! Si eso fuera lo único que hubiera hecho por nosotros, sería motivo suficiente para estar agradecidos por el resto de nuestra vida y servirle. Veamos los que la Biblia dice al respecto en 2 Timoteo 1:9: «Él es quién nos salvó y escogió para su obra santa, no porque lo merecíamos sino porque estaba en su plan». Nos salvó, y en agradecimiento por lo que hizo por nosotros, ahora le servimos.
Ahora bien hay algunas cosas que se interponen en el camino. Por ejemplo, uno de esos obstáculos es la comparación y la crítica. Cuando nos comparamos con los demás, cuando criticamos a los demás, ese obstáculo nos impide ser agradecidos. En Romanos 14:4 dice: «¿Quién eres tú para juzgar al siervo de otro? Que se mantenga en pie, o que caiga, es asunto de su propio señor». Todos somos siervos. Por lo tanto, lo que importa es la opinión del Señor: ni mi opinión ni la tuya ni la de nadie. La competencia entre nosotros, en materia de servicio, no tiene absolutamente ningún sentido. Al fin de cuentas, estamos en el mismo equipo. Tenemos la misma meta. Estamos intentando promover a Dios en el mundo, para que el mundo sepa lo bueno que Él es. Él nos ha dado diferentes capacidades, diferentes tareas.
Comienzo a vivir más que nunca procurando la aprobación de Dios y no la aprobación de los demás, vivo para una audiencia de Uno.
El segundo obstáculo que puede interponerse son los motivos equivocados. La Biblia se refiere a esto en Mateo 6:1, cuando Jesús dijo: «Cuando hagas buenas obras, no trates de vanagloriarte. Si lo haces, no recibirás recompensa de tu Padre en el cielo». Podemos servir como pretexto para presumir. La autopromoción y el servicio no van juntos, pero es fácil mezclarlas. Mucho de nuestro servicio, seamos sinceros, puede beneficiarnos en ocasiones. Necesitamos ser sinceros con nosotros mismos. Servimos a los demás porque deseamos que nos quieran. Servimos porque queremos que nos admiren. Servimos para lograr nuestras metas. Servimos para «negociar» con Dios. Decimos: «Dios, te serviré y tú te encargas de mí ¿de acuerdo?». Hay muchos motivos equivocados. Servimos, pero todo el tiempo pensamos en lo noble que somos. Somos humildes, pero todo el tiempo ¡estamos orgullosos de lo humilde que somos! Esa es la lucha del servicio. Reconozcámoslo, ser siervos es nuestra manera de manipular a Dios. Y es difícil reconocer estas motivaciones equivocadas. Yo las tengo, tú las tienes. ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes saber si obras por los motivos equivocados? La gratitud. Esa es la actitud. Cuando pierdes el sentimiento de gratitud, de agradecimiento por la vida, puedes tener la certeza de que hay algo mal con tu motivación. En el instante en que pierdas la gratitud, es un fiel indicador, no podrás saber qué es pero date cuenta de hay algo que anda mal con la motivación del servicio en tu vida. Los motivos equivocados tienen poca vida. Sirvamos mejor a Dios por agradecimiento, por lo MUCHO que El nos ha dado, nos ha dado manos y brazos, pies y piernas, boca y voz, ojos y vista y tantísimas cosas más que a veces no nos percatamos de lo mucho que tenemos, que El nos ha dado. Pidamos juntos que Dios nos ayude a no servir por los motivos equivocados y que siempre caminemos en verdadera humildad y rectitud de corazón; les animo a que lo hagamos hoy mismo. Amen. Siga este vinculo (link) y vea el testimonio de Tony Melendez para que medites en tu propia vida.

viernes

Noviembre 22

Dios les llene de Su gracia y misericordia a cada uno de ustedes amigos de "3 Minutos con Dios, 3 días a la semana".
Seguimos adelante con el cuarto propósito de Dios para tu vida: Fuiste hecho para servir a Dios. Hay personas sufriendo alrededor nuestro que necesitan de nosotros, de un oído, de una sonrisa, de una oración. Debemos ayudarlos. ¿Qué nos impide estar disponibles? Hay muchos que dicen: «Quiero que Dios me use. Quiero su poder en mi vida. Quiero servir a Dios pero no tengo tiempo». ¿Qué nos impide estar disponible? Mencionaré tres obstáculos. El primero: el egocentrismo. La Biblia dice:

«Olvídense de ustedes mismos lo suficiente para que extiendan una mano ayudadora» Filipenses 2:4
Siempre que veas una necesidad frente a ti ¿adivina qué? Es Dios que te da la oportunidad de practicar el servicio. Dios te brinda la oportunidad de aprender a servir, para aprender a ser como Jesucristo. Porque el principal enemigo de la compasión es la ocupación en múltiples actividades. ¡Estamos demasiado ocupados! Por lo tanto no tenemos tiempo para servir. Tenemos nuestra agenda, nuestros planes, nuestros sueños, nuestras metas, nuestras ambiciones. Colgamos este cartel que dice: «No molestar» y lo ponemos en la puerta de nuestro corazón: no nos molesten. Lo hacemos todo el tiempo.
A los verdaderos siervos no les importa que los interrumpan. Si realmente tienes la actitud de un siervo, como Jesucristo, no te importará que te interrumpan porque tu agenda es la agenda de Dios. Entonces te levantas en la mañana y dices: «Bien, Dios, ¿a quién traerás hoy en mi vida? ¡Preséntamelo! ¡Preséntamelo!». Lo repito… casi todos los milagros y gran parte del ministerio de Jesús fueron interrupciones. Pero el egocentrismo se nos cuela y se convierte en un obstáculo.
El segundo obstáculo que impide que Dios nos use es el perfeccionismo. Ya saben, desear que todo sea perfecto. Es decir, cuando todo esté en orden, todo esté bien, entonces serviré. Eclesiastés 11:4 dice: «Si esperas por condiciones perfectas, nunca lograrás nada». Los verdaderos siervos, los siervos como Cristo, hacen todo lo que pueden con lo que hoy tienen para Jesucristo. No esperan. Miren lo que sucedió en Norteamérica: hemos hecho un ídolo de la excelencia. En serio. Muchas personas adoran la excelencia, aun los cristianos. Dicen: «Si sabes que el resultado no será de primera calidad, ni siquiera lo intentes». En Saddleback (donde es pastor Rick Warren) no creemos en eso. En practicamos lo que llamamos el principio de «suficientemente bueno». Según el principio de «suficientemente bueno» no tiene que ser perfecto para que Dios lo bendiga. Esa es la verdad. Si Dios solo usara a las personas perfectas ¿se podría hacer algo en esta tierra? ¡Nada! Todos tenemos debilidades. Todos tenemos fallas. Todos fracasamos. Somos discapacitados. Pero ¿saben una cosa? Dios nos usa a todos. ¿Por qué? Porque Dios no usa a las personas perfectas porque no existen. No hay tantas personas brillantes en el mundo para hacer todo lo necesario. Dios usa a las personas normales. Por eso Dios dice: «No esperen las condiciones perfectas». No esperen que todo se ordene, ¡las cosas no se van a arreglar! Imposible. Así que adelante y comienza a servir sin esperar que todo se arregle.
En tercer lugar el materialismo es el tercer obstáculo que nos impide estar disponibles para servir. La Biblia dice, Jesús hablando: «Ningún sirviente puede servir a dos patrones. …Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas" (Lucas 16:13). No dice que «no deberíamos servir a Dios y a las riquezas». Dijo que «no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas». Debes decidir si quieres ser rico o tener bendiciones. ¡De verdad! Les digo que deben decidir cuál será la prioridad en su vida. Porque cuando uno está demasiado ocupado atendiendo sus cosas, no tiene tiempo para atender a las personas. Y eso es un problema. La decisión más importante de tu vida después de convertirte en seguidor de Cristo, es esta: «¿Voy a ser un constructor del reino o un acumulador de riquezas?» Si Dios quiere darte riquezas, El te las dará. Maravilloso, pero no debe ser el objetivo de tu vida. Porque no podrás llevarte tu riqueza al cielo, te llevarás tu carácter. Entonces, dices: «Seré un constructor del reino». Pon eso en primer lugar y Dios se encargará de lo que quiere que hagas. Si tu trabajo te impide asumir cualquier tipo de servicio, necesitas hacer algunos ajustes en tu vida, y necesitas encontrar tu propósito en ella. Pidamos a Dios que nos haga lo suficientemente sabios como para poder hacer una aportación significante a esta vida, para Su gloria y poder así estar preparados para la eternidad con El, amen. ¡Bendiciones!

miércoles

Noviembre 22

Dios les llene de Su gracia y misericordia a cada uno de ustedes amigos de "3 Minutos con Dios, 3 días a la semana".
Seguimos adelante con el cuarto propósito de Dios para tu vida: Fuiste hecho para servir a Dios. Hay personas sufriendo alrededor nuestro que necesitan de nosotros, de un oído, de una sonrisa, de una oración. Debemos ayudarlos. ¿Qué nos impide estar disponibles? Hay muchos que dicen: «Quiero que Dios me use. Quiero su poder en mi vida. Quiero servir a Dios pero no tengo tiempo». ¿Qué nos impide estar disponible? Mencionaré tres obstáculos. El primero: el egocentrismo. La Biblia dice:

«Olvídense de ustedes mismos lo suficiente para que extiendan una mano ayudadora» (Filipenses 2:4).

Siempre que veas una necesidad frente a ti ¿adivina qué? Es Dios que te da la oportunidad de practicar el servicio. Dios te brinda la oportunidad de aprender a servir, para aprender a ser como Jesucristo. Porque el principal enemigo de la compasión es la ocupación en múltiples actividades. ¡Estamos demasiado ocupados! Por lo tanto no tenemos tiempo para servir. Tenemos nuestra agenda, nuestros planes, nuestros sueños, nuestras metas, nuestras ambiciones. Colgamos este cartel que dice: «No molestar» y lo ponemos en la puerta de nuestro corazón: no nos molesten. Lo hacemos todo el tiempo.
A los verdaderos siervos no les importa que los interrumpan. Si realmente tienes la actitud de un siervo, como Jesucristo, no te importará que te interrumpan porque tu agenda es la agenda de Dios. Entonces te levantas en la mañana y dices: «Bien, Dios, ¿a quién traerás hoy en mi vida? ¡Preséntamelo! ¡Preséntamelo!». Lo repito… casi todos los milagros y gran parte del ministerio de Jesús fueron interrupciones. Pero el egocentrismo se nos cuela y se convierte en un obstáculo.
El segundo obstáculo que impide que Dios nos use es el perfeccionismo. Ya saben, desear que todo sea perfecto. Es decir, cuando todo esté en orden, todo esté bien, entonces serviré. Eclesiastés 11:4 dice: «Si esperas por condiciones perfectas, nunca lograrás nada». Los verdaderos siervos, los siervos como Cristo, hacen todo lo que pueden con lo que hoy tienen para Jesucristo. No esperan. Miren lo que sucedió en Norteamérica: hemos hecho un ídolo de la excelencia. En serio. Muchas personas adoran la excelencia, aun los cristianos. Dicen: «Si sabes que el resultado no será de primera calidad, ni siquiera lo intentes». En Saddleback (donde es pastor Rick Warren) no creemos en eso. En practicamos lo que llamamos el principio de «suficientemente bueno». Según el principio de «suficientemente bueno» no tiene que ser perfecto para que Dios lo bendiga. Esa es la verdad. Si Dios solo usara a las personas perfectas ¿se podría hacer algo en esta tierra? ¡Nada! Todos tenemos debilidades. Todos tenemos fallas. Todos fracasamos. Somos discapacitados. Pero ¿saben una cosa? Dios nos usa a todos. ¿Por qué? Porque Dios no usa a las personas perfectas porque no existen. No hay tantas personas brillantes en el mundo para hacer todo lo necesario. Dios usa a las personas normales. Por eso Dios dice: «No esperen las condiciones perfectas». No esperen que todo se ordene, ¡las cosas no se van a arreglar! Imposible. Así que adelante y comienza a servir sin esperar que todo se arregle.
En tercer lugar el materialismo es el tercer obstáculo que nos impide estar disponibles para servir. La Biblia dice, Jesús hablando: «Ningún sirviente puede servir a dos patrones. …Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas" (Lucas 16:13). No dice que «no deberíamos servir a Dios y a las riquezas». Dijo que «no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas». Debes decidir si quieres ser rico o tener bendiciones. ¡De verdad! Les digo que deben decidir cuál será la prioridad en su vida. Porque cuando uno está demasiado ocupado atendiendo sus cosas, no tiene tiempo para atender a las personas. Y eso es un problema. La decisión más importante de tu vida después de convertirte en seguidor de Cristo, es esta: «¿Voy a ser un constructor del reino o un acumulador de riquezas?» Si Dios quiere darte riquezas, El te las dará. Maravilloso, pero no debe ser el objetivo de tu vida. Porque no podrás llevarte tu riqueza al cielo, te llevarás tu carácter. Entonces, dices: «Seré un constructor del reino». Pon eso en primer lugar y Dios se encargará de lo que quiere que hagas. Si tu trabajo te impide asumir cualquier tipo de servicio, necesitas hacer algunos ajustes en tu vida, y necesitas encontrar tu propósito en ella. Pidamos a Dios que nos haga lo suficientemente sabios como para poder hacer una aportación significante a esta vida, para Su gloria y poder así estar preparados para la eternidad con El, amen. ¡Bendiciones!

lunes

Noviembre 20

Dios les bendiga rica y abundantemente en todas las áreas de su vida, amigos de “3 Minutos”.
Continuamos con la penúltima semana de la Campaña de 40 Días con Propósito y rogamos a Dios que este siendo de bendición a sus vidas como lo es en las nuestras.
Esta semana hablaremos del cuarto propósito de Dios para ti.
Dios te hizo de manera única y tu singularidad no es para tu propio beneficio.
En 1 Pedro 4:10 dice lo siguiente:
Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido.
Tus talentos no son para tu propio beneficio. Él te dio dones y talentos y capacidades y antecedentes y experiencia, y todo para beneficio de los demás, para usarlos al servicio de los demás.
Entonces: «Mi cuarto propósito es servir a Dios mediante el servicio a los demás». ¿Quieres saber por qué estás vivo? Para eso. Dios no te puso aquí solo para que ocuparas un espacio, consumieras y vivieras a expensas de otro. Estás aquí para servir a Dios y Dios quiere que le sirvas a El, sirviendo a los demás. Algunas personas quieren servir a Dios pero no quieren servir a los demás. Pero eso no es posible. La única manera de servir a Dios es sirviendo a los demás. La Biblia tiene una palabra para eso, se llama «ministerio». Ahora bien la Biblia dice que todos los creyentes somos ministros. No todos los creyentes pueden ser pastores o predicadores, pero todos los creyentes son ministros. El ministerio es sencillamente usar mi forma para ayudar a otros en el nombre de Dios. Siempre que uses tus talentos, o tus capacidades, o tus antecedentes o tus experiencias para ayudar a los demás, ¿sabes cómo se llama eso? Ministerio. ¿Y sabes lo que eres? Un ministro. En la Biblia la palabra «servicio» y «ministerio» son la misma. Por lo tanto, todos fuimos llamados a ministrar.
Mientras están aquí, unos 60, 80, 90 años, Dios quiere que practiques para lo que harás en el cielo por los siglos de los siglos. Una de las cosas que harás en el cielo será servir a Dios y a los demás. Dios te puso en la tierra para que practiques, practiques y practiques. Quiere que aprendas cómo servir
Fuiste creado para ser como Cristo, y ¿qué hizo Cristo mientras estuvo aquí en la tierra? Sirvió. Mateo 20:28 dice: «Tu actitud debe ser igual a la mía, porque yo, el Mesías, no vine a ser servido sino a servir ». Tu FORMA determina tu ministerio. ¿Quieres saber lo que Dios quiere que hagas con tu vida? Considera tus dones, las oportunidades, los recursos, tu personalidad y tus experiencias. Pero tu actitud, el corazón de siervo, determinará tu madurez.
¿Qué se requiere para ser usados y aprender a servir como Jesús? Se requieren tres cosas. Primero, debo estar disponible. Si quieres que Dios te use, si quieres servir a Dios, debes estar dispuesto a ser interrumpido. La mayor parte del ministerio de Jesús y gran parte de los milagros de Jesús fueron interrupciones. Piénsenlo. Todas las personas que sanó... el ciego, el hombre cojo, los enfermos, el paralítico, el joven que había muerto… todos estos milagros fueron interrupciones. Su primer milagro: lo interrumpieron mientras estaba en una boda. Su segundo milagro: lo interrumpieron mientras se dirigía a Galilea. La Biblia dice que «Jesús se detuvo». Todo su ministerio lo hizo porque permitió que lo interrumpieran. La Biblia dice esto en Proverbios 3:28 —léanlo conmigo: «Nunca digas a tu prójimo: “Vuelve más tarde; te ayudaré mañana”, si hoy tienes con qué ayudarlo». Las personas con corazón de siervo no dejan para mañana lo que pueden hacer hoy. Son espontáneas, son sensibles, y dicen: «¡Vamos! ¡Manos a la obra!»
«Siempre que puedas, haz todo lo bueno que puedas, por todos los medios que puedas, de todas las maneras que puedas, en todos los lugares que puedas, en todo momento que puedas, a toda la gente que puedas». ¡Bendiciones!

viernes

Noviembre 17


Dios les mantenga con salud y en armonía a cada uno de ustedes amigos de “3 Minutos con Dios”.
Dios quiere que seas como Jesucristo. Es el tercer propósito por el que te puso en este planeta. Quiere forjar tu carácter ahora para recompensarte en la eternidad. Dios usa los problemas para enseñarnos a confiar en El y Dios usa la tentación para enseñarnos a obedecerle.
Siguiente, Dios usa el mal que nos hacen para enseñarnos a perdonar. Pero ¿qué entendemos por mal? Si las pruebas son situaciones diseñadas por Dios para acercarnos a él y las tentaciones son situaciones diseñadas por el diablo para alejarnos de él, de Dios, estos males son las situaciones diseñadas por otras personas con el fin de lastimarnos. Sí, hay personas en la vida que quieren lastimarnos con mala intención y por eso la Biblia dice, en el Padre Nuestro que debemos orar como dice en Lucas 11:3-4
«Señor… Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal» (DHH).
Ahora, esto es difícil. Una cosa es lidiar con los problemas, otra es enfrentarse a la tentación. Pero el instrumento más difícil que Dios usa en nuestra vida para que seamos como Cristo es este. Soportar el dolor infligido por otras personas sin ánimo vengativo es, sin lugar a dudas, el paso más importante y más difícil para ser como Jesucristo porque a menudo implica no ser comprendido, ser criticado, ser juzgado, resultar física o emocional o verbalmente lastimado, y hasta sufrir el abuso. Permítanme ser muy claro... no son cosas buenas. Son cosas malvadas y Dios no es el autor de la maldad. Dios no provoca estas cosas. Dios odia el pecado. Pero no protegió ni a su propio Hijo de estas cosas. Aun su propio Hijo fue malentendido, herido, juzgado y abusado, ¿por qué habrías de pensar que tú te librarías de esto? Bien, en la cruz, Jesucristo no solo llevó nuestros pecado. También tuvo que soportar el abuso espantoso de las personas presentes. En Mateo 27:39-44, dice: «Los que pasaban (y veían a Jesús colgado en la cruz) meneaban la cabeza y blasfemaban contra [Jesús] …De la misma manera se burlaban de él … los ancianos. … Así también lo insultaban los bandidos que estaban crucificados con él». ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Leamos el siguiente versículo: «—Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen». En 1 Pedro 2:23 dice que «cuando lo insultaban, no contestaba con insultos; cuando lo hacían sufrir, no amenazaba, sino que se encomendaba a Dios, que juzga con rectitud». ¿Qué hizo Jesús? ¿Cómo respondió al mal que le hicieron? No usó su derecho de venganza. Soportó la pena. Respondió al mal con el bien. Eso hizo Jesucristo. Ahora, si vamos a crecer espiritualmente y ser como Jesucristo, tendremos que aprender lo mismo. Es evidente que en la vida te lastimarás. Esto no es el cielo. Estamos en un mundo caído. Todos pecamos. Lastimamos a otros. Otras personas nos lastiman a nosotros. Nos lastimamos con y sin intención. Muchas veces saldrás lastimado en la vida. Pero para ser como Cristo, deberás aprender a perdonar. Es imposible aprender a perdonar si alguien no te lastimó. Pero el perdón es una de las características primarias de Dios y Dios quiere que aprendamos a ser como él. Por eso permite que nos lastimen en la vida, con el fin de que seamos más como Jesús.
Dos consejos para ayudarlos cuando la gente los lastime con o sin intención. Recuerda que Dios te ha perdonado. La Biblia dice: «.. y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (Efesios 4:32). Dios nunca te pedirá que perdones a nadie más de lo que él ya te ha perdonado. Segundo, recuerda que Dios tiene el dominio. Cuando alguien te lastime, Dios lo usará para tu bien. De hecho, eso fue precisamente lo que dijo José. ¿Recuerdan como la Biblia nos cuenta que la propia familia de José lo traicionó, y sus hermanos lo vendieron? Odiaban tanto a su hermano menor que lo vendieron como esclavo y luego le mintieron a su padre y le dijeron que lo habría matado un oso, o algo así. Sin embargo, estaba todo dentro del plan de Dios, y cuando fue llevado a Egipto y pasó muchas vicisitudes en Egipto: lo acusaron de violación, lo encarcelaron... los primeros 40 años de la vida de José fueron de mal en peor. No tenía idea de por qué todo salía mal en su vida. Sin embargo, confió en Dios todo el tiempo. Nunca perdió su espíritu perdonador. Dios sabía exactamente dónde estaba y lo tenía justamente donde quería que estuviera, y con el tiempo llegó a ocupar el segundo puesto de Egipto, después del faraón. Su plan fue salvar del hambre a dos naciones: a Egipto y a Israel. Y luego los hermanos buscaron a este hombre, sin saber que era José, para pedirle comida para llevar a su hogar. Y cuando José les dijo quién era, temían por sus vidas. Sin embargo, José les dijo: «Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente» (Génesis 50:20). Y eso, amigo, es lo que Dios hará con el mal que te quieran causar cualquier persona, con o sin intención, pues El quiere que desarrolles el carácter de Su Hijo.
Escucha esta canción que hemos hecho en este videoclip y deja que Dios hable a tu corazón. Bendiciones

miércoles

Noviembre 15


Que Dios les bendiga en abundancia en todas las áreas de su vida, amigos de “3 Minutos”.
NOTA: El mensaje de hoy es un poco mas de 3 minutos, pero es muy importante.
Continuamos con el tema que iniciamos ayer acerca del tercer propósito de Dios para tu vida, el cual es: Hacerte cada día mas como su Hijo Jesús. Y veremos las 3 herramientas que Dios usa para llevar esto a cabo, veamos.
La primera: Dios usa los problemas para enseñarnos a confiar en él. En la Biblia, a esta palabra «problemas» a menudo se la llama «pruebas» y las «pruebas» son situaciones diseñadas por Dios para acercarnos a él. NO fueron diseñadas para lastimarnos: las diseñó para ayudarnos. Si tu vida va sobre ruedas, no necesitas nada de fe, no necesitas fuerza de carácter. Pero entonces Dios tiene que permitir algunas cosas en tu vida para que te esfuerces, cosas que te hagan crecer, y se llaman problemas o pruebas. Dios quiere forjar tu carácter. ¿Cómo lo hace? Miren Romanos 5:3-4:
«…también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, integridad de carácter; la integridad de carácter, esperanza». (Parafrase de NVI)

Dios está más interesado en tu vida, en lo que eres, que en lo que haces. Dios siempre estará más interesado en lo que eres, en tu carácter, que en lo que haces o en tu carrera profesional. ¿Por qué? Porque no te llevarás tu carrera contigo al cielo, pero sí te llevarás tu carácter. Eso es lo que perdurará. Por eso Dios dice que la meta de la vida es el carácter, no otra cosa; y el objetivo de la vida es el carácter, no tu comodidad personal. Hasta que no entiendas esto, la vida no tendrá sentido. En la vida te enfrentarás a todo tipo de problemas: dificultades, pruebas, sufrimiento y tú dices: «¿Por qué a mí, Señor? ¿Por qué permites que me pase esto?» Como si tu vida debiera ser una vida de comodidades. No lo es. El objetivo de la vida no es la comodidad. Esto (aquí en la Tierra) no es el cielo. Un día habremos de estar en un lugar libre de problemas, no habrá más pruebas. ¿No será maravilloso? Y habremos de vivir allí millones y billones de años, pero aquí no estamos en el cielo. Y si continúas pensando que puedes tener el paraíso en la tierra, te esperan muchas desilusiones. Este no es un lugar para la comodidad. Este es el lugar para desarrollar el carácter. Y para eso se requiere, entre otras cosas, problemas … porque los problemas producen paciencia, la paciencia produce entereza de carácter, y la entereza de carácter produce esperanza. Todos los problemas tienen un propósito. Sin importar a qué obedecen, hayas sido tú, otra persona, el diablo —no importa a qué o quién se deben -. Y ¿cuál es ese propósito? Es hacerme más como Jesucristo, forjar el carácter en mi vida.
Jesús pasó por muchos sufrimientos y pruebas en su vida, pero lo peor fue la noche en que fue crucificado. Sabía lo que tendría que enfrentar al día siguiente y la intensidad de esa tribulación en su corazón era enorme. Iba a cargar con el pecado del mundo. Iba a padecer una horrible muerte por crucifixión, y la pregunta crucial era: «¿Confiaría en Dios?» ¿Confiaría en que Dios sabe qué es lo mejor para su vida, aun cuando implicara una muerte extremadamente dolorosa? Con eso tenía que luchar. Por eso, fíjense, fue a un lugar llamado Getsemaní. Llevó a sus discípulos a un jardín, en realidad se trataba de un olivar, y bajo el peso de la carga del mundo, les pidió que lo acompañaran mientras él oraba. Fíjense lo que dice aquí: «Fueron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús les dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí mientras yo oro”» (Marcos 14:32). Fíjense cómo incluso Jesús necesitaba amigos cuando tenía problemas. Por eso necesitas un grupo pequeño. Por eso necesitamos tener comunión. No tenemos por qué atravesar solos los problemas de la vida. Aun Jesús necesitó amigos. Les pidió que se quedaran cerca mientras él oraba. La tensión y la angustia lo embargaron, y dijo: «“Es tal la angustia que me invade que me siento morir” les dijo. “Quédense aquí y vigilen”» (Marcos 14:34). Esto es sufrimiento con mayúscula. Está atravesando un sufrimiento muy intenso. Se siente casi aplastado por lo que piensa que sucederá al día siguiente, lo que tendrá que sufrir. Muchos de ustedes dirán, conozco cómo se debió sentir, ese sentimiento de que no se puede seguir viviendo un día más. Pero fíjense en la respuesta de Jesús a los problemas, en el siguiente versículo: «Decía: “Abba, Padre, todo es posible para ti. No me hagas beber este trago amargo, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”» (Marcos 14:36).
Mis amigos, si van a ser como Jesús, esta es la primera lección que deben aprender. Cuando tengas problemas, le puedes decir a Dios que no te gusta lo que te pasa: «Dios, líbrame de esto» «Dios, sé que tú puedes librarme de esto». Él dijo: «Sé que todo es posible para ti. Sin embargo, esto es lo mejor para mí. Hágase tu voluntad en mi vida». Se entregó al plan de Dios. Dijo: «Que sea lo que tú quieras». Cumple tu propósito en mi vida.
Continuamos el viernes y que Dios les bendiga ricamente.
Gracias por seguir orando por nuestra campaña de 40 días con propósito, Dios nos esta bendiciendo grandemente!!! NO dejen de hacerlo. Atte: Pastor Roga.

martes

Noviembre 13, Lunes


Dios les guarde en perfecta paz a todos ustedes amigos de “3 minut0s con Dios”.

Hoy vamos a estudiar el tercer propósito para el cual Dios te puso en este planeta, y lo encontramos en Romanos 8:29
«Desde el mismo principio Dios decidió que los que se acercaran a él, y él sabía quiénes se habrían de acercar, fueran como su Hijo». (Parafrase)

Ahora bien, el plan de Dios siempre ha sido, y este es el tercer propósito, hacernos como Jesucristo. Su plan desde el mismo principio fue los seres humanos fuesen como él. Quiere que desarrolles su carácter, que pienses como él, que procedas como él, que sientas como él, que tengas sus valores, su entereza moral. Dios quiere que seas como él, y ese es el tercer plan divino por el que te puso sobre este planeta, para que seas como Jesús.
Efesios 4:15 dice:«… creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo». ¿Qué significa crecer? Significa ser como Cristo. La voluntad de Dios para tu vida es que crezcas. Tú sabes, los bebés son encantadores, pero si los bebés no dejan de ser bebés, es trágico. Dios quiere que maduremos y nos desarrollemos. ¿En qué consiste la madurez espiritual? Fíjate con mucha atención en Jesucristo. Por desgracia, muchas personas envejecen pero no crecen. Dios te puso en este planeta para que fueras como Jesús. Nos dejó un modelo de crecimiento. Ahora bien, es un proceso. No sucede de la noche a la mañana. No es como si un día, de pronto, uno ya es como Jesús. Se trata de un proceso, y este proceso que se conoce como «discipulado», dura toda la vida. A Dios le llevará el resto de tu vida forjar tu carácter, las características de Jesucristo.
Hoy consideraremos: «¿Cómo hace Dios esto?», «¿Cómo me ayuda Dios a crecer espiritualmente? ¿Cómo me convierte Dios en semejante a Jesucristo?» Hay un par de maneras que las sabemos de memoria. Sabemos que usa la Biblia. Necesitamos la verdad para transformarnos. Si realmente deseas crecer espiritualmente, debes profundizar en este libro. Cuanto más ahondes en él, más crecerás. Necesitas leerla y estudiarla y memorizarla y meditar en ella y reflexionar acerca de lo que dice y ponerla en práctica, porque necesitamos la verdad para ser transformados. Lo otro que usa Dios son las personas, y por eso la semana pasado hablamos acerca de la comunión: cuando aprendemos unos de los otros, crecemos y nos desarrollamos. Y cuanto más aprovechemos de los demás, de otros cristianos, el pasar tiempo juntos nos hará más espiritualmente maduros en nuestro crecimiento.
Pero Dios usa algo más que esas dos cosas. Esta semana veremos tres cosas que quizá no se les ocurrió que Dios pudiera usar, pero bien que las usa. En Romanos 8:28 dice: «Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito». ¿Pero qué incluye eso? Sí, incluye «todas las cosas». ¿Incluye, entonces, las cosas malas? ¿Las cosas dolorosas? ¿Incluye también los errores que cometemos cuando pecamos? Sí, así es. Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman. No dice que todas las cosas han de ser buenas porque hay mucho mal en el mundo, pero Dios usa todas las cosas para hacernos como Cristo. Veremos cómo operaron tres cosas insospechadas en la vida de Jesucristo. Él tuvo problemas en el huerto de Getsemaní, fue sometido a tentación en el desierto y sufrió la crítica en la cruz. Si hemos de crecer para ser como Jesucristo, Dios también nos permitirá pasar por las mismas experiencias. El asunto es que estos problemas no nos ayudan automáticamente a crecer. Tu corazón debe estar preparado, porque si tu corazón no está preparado, en vez de perfeccionarte, estas cosas producirán resentimiento. Así es que no te pierdas los próximos mensajes para ver el resto de este tema. Bendiciones!

lunes

Noviembre 10, Viernes.

Que Dios les guarde y les llene de bendiciones en sus familias, lugares de trabajo y en sus vidas en general, amigos de “3 Minutos”.
Continuamos con el segundo nivel de la comunión y consiste en aprender a compartir. Lo llamamos «el nivel de la amistad». Dios te creó a su imagen y, por lo tanto, fuiste hecho para relacionarte. La Biblia dice: «No es bueno que el hombre esté solo». En otras palabras, fuimos hechos el uno para el otro. La vida no es una obra unipersonal. Necesitamos tener amigos. La Biblia dice esto en Hechos 2:44:

Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común.

Fíjense en dos cosas: La primera, no podemos desarrollar un amistad sin estar juntos. La segunda, no podemos desarrollar una amistad sin tener cosas en común. Entonces, cuánto más seguido nos reunamos, tanto más cercanos seremos. ¿Saben por qué la mayoría de las personas están solas? Porque no dedican tiempo a las amistades. Están demasiado ocupadas en conseguir cosas, muy ocupadas en su trabajo, muy ocupadas haciendo otras tareas. No están dispuestas a dedicar tiempo a los amigos. Para tener amigos hay que reunirse, estar juntos, y hasta tanto no hagan de esto una prioridad en sus vidas, no podrán cultivar una amistad en serio. Tampoco se puede cultivar una amistad sin compartir. El versículo nos dice que «tenían todo en común». Ahora, quienes son padres saben que una de las lecciones fundamentales que los niños deben aprender es aprender a compartir. Pero, ¿qué tenemos que compartir? La Biblia está llena de instrucciones con respecto a lo que debemos compartir entre todos los cristianos. Permítanme mencionar apenas tres. En primer término, la Biblia dice que debemos compartir nuestras experiencias. Las experiencias. La Biblia dice que la gente aprende una de otra como «El hierro se afila con el hierro». Conviene aprender de la experiencia ajena, porque así evitaremos cometer los mismos errores. Pues, si todo lo que aprendemos en la vida lo aprendemos personalmente, probando y equivocándonos, sufriremos muchos problemas innecesarios y para cuando descifremos todo, ya estaremos muertos. No tenemos suficiente tiempo en esta vida para aprender todo por nuestra cuenta. Por eso Dios nos dice que podemos acortar el proceso y aprender más rápido si aprovechamos las experiencias de los demás. Nadie sabe todo. Todos somos ignorantes, solo que ignoramos distintas cosas. Entonces, tú sabes algunas cosas que yo desconozco y yo sé otras que tú ignoras.
En segundo lugar, la Biblia nos manda compartir nuestros hogares. Debemos compartir nuestros hogares. La Biblia, en 1 Pedro 4:9 dice: «Practiquen la hospitalidad entre ustedes sin quejarse». ¿Por qué habría Dios de decirnos eso? ¿Por qué debemos compartir nuestros hogares? Les diré por qué, porque no podemos tener comunión en una multitud. La comunión solo es posible en grupos pequeños. O entre dos. Por eso la Biblia nos manda abrir nuestros hogares. ¿Sabían que durante los primeros 300 años del cristianismo no había templos? La iglesia se reunía en los hogares. Para todas las reuniones. No había edificios especiales. Y en tercer lugar debemos compartir nuestros problemas. No estamos aquí para enfrentar solos nuestros problemas. La Biblia dice que debemos compartir las dificultades y los problemas. ¿Sabían que cuando comparten una alegría, la alegría se multiplica; y que cuando comparten un problema, se dividen la carga? La Biblia dice: «Lloren con los que lloran y alégrense con los que se alegran». Eso implica un oído atento. Es sencillamente brindar comprensión y experiencia. Pero no será posible avanzar a este segundo nivel en la comunión si no tienen por amigos a otros creyentes. Por eso la Biblia dice en Hebreos 10:25: «No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros». El propósito primario en el concepto de un grupo es animarnos unos a otros.

miércoles

Noviembre 8, Miércoles

Que la paz y el amor del Señor sea con todos ustedes amigos de “3 Minutos con Dios”.
Continuamos esta semana con el segundo propósito de Dios para tu vida: Pertenecer a Su familia a través de la comunión con los demás creyentes.
Ahora veremos los cuatro niveles de la comunión. El primer nivel es: Elegir pertenecer o sea la membresía. Significa que debes encontrar una iglesia para que sea tu familia, y tú mismo eliges unirte a ella.
Veamos lo que nos dice la Biblia en Efesios 2:19
Ya son ustedes... miembros de la familia de Dios, ciudadanos del país de Dios y conciudadanos de los cristianos de todas partes.

Son miembros.
La vida cristiana no se limita a creer. Es cuestión de pertenecer, y tú y yo debemos elegir ser miembros. La comunión comienza con la pertenencia, con hacer una elección. Dios quiere que te identifiques con esta elección de integrar su familia. Cuando naciste, automáticamente te convertiste en parte de la especie humana. Pero tienes que elegir pertenecer a la familia de Dios, a la iglesia. Es una opción. Es optar por ser miembro. ¿Saben? Alguna gente dice: «Sí, soy cristiano pero no pertenezco a ninguna iglesia». No tiene sentido. La iglesia es donde vives en los hechos lo que significa ser cristiano. Es como decir: «Soy un jugador de fútbol, pero no quiero ser parte del equipo». No funciona así. Es como decir «Soy una abeja, pero no quiero pertenecer a una colmena». Es como un soldado sin un batallón. Un cristiano sin una familia en la iglesia es un huérfano. Dios quiere que integremos una familia.
La Biblia nos dice estos en Romanos 12:5 También nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. Con esta decisión que tomamos, entre los cristianos nos pertenecemos unos a otros. Estamos unidos como miembros. Sé que la palabra «membresía» puede sonar algo rara. ¿Pero sabían que esta palabra tiene origen cristiano? Surgió de estos versículos de la Biblia. Sé que hoy también se usa para ser miembros de cualquier tipo de club y para registrarse en esto y aquello. Pero en sus orígenes, el significado estaba aquí en la Biblia, un miembro del cuerpo de Cristo. Así como tu mano es un miembro de tu cuerpo, así de unidos estamos entre nosotros. No se trata de ser parte de un club cualquiera. Se trata de estar unidos entre nosotros, de elegir integrar una familia. Verán, en muchas partes existen lo que se llama, creyentes flotadores, gente que va de iglesia en iglesia. Una semana, soy parte de esta iglesia, y a la otra semana: ¡Ah! hay mucho movimiento por ahí y allá voy. Y a la siguiente, vamos para allá. Si quieres crecer, si deseas ver a Dios obrando en tu vida, tienes que unirte a un cuerpo. Si te dejas flotar de iglesia en iglesia es como si… Pongamos por ejemplo que eres el hígado del Cuerpo de Cristo —esa fue la tarea que Dios te encomendó— no puedes extirparte de un cuerpo y unirte a otro. Si lo intentaras… Si lo hicieras con un órgano, se secaría y moriría. Lo mismo nos pasa a los creyentes de no unirnos a un grupo de creyentes, donde podamos decir: «Quiero ser parte de lo que pasa aquí». Jesús ama a la iglesia. Y tú y yo necesitamos tener este mismo amor. Jesús llama a las iglesias el «cuerpo». ¿Qué pasaría si te dijera: «Te amo», pero no me gusta tu cuerpo? ¿Cómo te sentirías? La iglesia es el cuerpo de Jesús. Él ama a su iglesia. La iglesia es la esposa de Cristo. ¿Qué si dijera: «Te quiero mucho, pero no soporto a tu esposa»? ¿Qué dirías?
La iglesia es la esposa de Cristo y como Jesús ama a la iglesia, este grupo unido de creyentes que crecen juntos, tú y yo necesitamos tener el mismo amor por este cuerpo: tomando una decisión, eligiendo pertenecer a una iglesia y comprometiéndonos con ella.
Oremos: Señor ayúdanos a apreciar tu Iglesia y a formar parte de ella a través de tu perdón y de tu amor.

Noviembre 6, Lunes


Que Dios Todopoderoso les colme de dicha y paz a cada uno de ustedes amigos de “3 Minutos con Dios”.
La semana pasada consideramos su primer propósito: que lo conozcas y lo ames. La Biblia lo llama adoración, porque fuiste planeado para agradar a Dios. Esta semana vamos a considerar el segundo propósito: fuiste hecho para integrar la familia de Dios.
La referencia bíblica la encontramos en: Hebreos 2:10.
Dios es quien hizo todas las cosas, y todas las cosas son para su gloria. Quería tener muchos hijos para compartir su gloria.

Dios quería tener una familia. Por eso estamos aquí. Quería tener hijos. Por eso la Biblia nos dice que planeó todo lo existente en el universo para que naciéramos, para que pudiéramos compartir su gloria, para que pudiéramos integrar su familia. Vean lo que dice el siguiente versículo: «Su plan inmutable siempre ha sido adoptarnos en su propia familia, trayéndonos a él mediante Cristo Jesús». Toda la Biblia, todo este libro, es la historia de Dios formando una familia. De eso se trata. Por eso tenemos una Historia, porque Dios está criando una familia que vivirá no solo en la tierra sino por los siglos de los siglos, en la eternidad. Es una familia eterna. Tú fuiste hecho para vivir para siempre.
Entonces, una vez que comprendas y te pongas a trabajar en el primer propósito de Dios para tu vida, El quiere que centres la atención en el segundo propósito para tu vida y comiences a practicarlo. En 1 Pedro 2:17 dice: «Debemos amar a nuestra familia espiritual». Eso es lo que Dios quiere que hagas. Como puede ver, Dios dice que quiere que aprenda a amar a los integrantes de Su familia. ¿Por qué? Pues, hay varias razones. Primero, tu familia física al final se desintegrará. De hecho, muchas se desintegran aquí en la tierra. Pero tu familia espiritual perdurará. Seguirá por los siglos de los siglos. Entonces, habrás de pasar más tiempo con tu familia espiritual que con tu familia física. Dios quiere que aprendamos a amarnos.
Ahora bien, ¿por qué quiere que aprendamos a amarnos? Hay dos o tres razones. Primero, nos volvemos más como Dios es, porque Dios es amor. Segundo, él quiere que sus hijos aprendan a llevarse bien. ¿Algunos de ustedes son padres? Por supuesto, queremos que nuestros hijos se lleven bien. Y, tercero, es entrenamiento para la eternidad. Una de las cosas que haremos en el cielo, será amar a Dios. La otra cosa que haremos será amar a los demás creyentes que estén ahí. Será un lugar de amor, y por eso Dios quiere que comencemos a practicar cómo amar a los demás creyentes.
Tener comunión es amar a la familia de Dios. La Biblia nos dice eso en 1 Juan 4:21. el que ama a Dios, ame también a su hermano. Debemos amar a los demás creyentes. ¿Cómo lo hacemos? Pues, es una dicha poder contar con instrucciones bien claras en la Biblia. Pablo escribió esto, dijo: «Te escribo esto para que … sepas cómo debe portarse uno en la familia de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, la cual sostiene y defiende la verdad». La iglesia es una familia. No es un edificio, no es una institución, ni una organización ni tampoco un club. Es una familia. Muchas personas dicen: «Buenos, ya salgo para la iglesia», como si la iglesia fuese un lugar a dónde uno va. No está bien utilizada. La iglesia no es un lugar donde ir. La iglesia es una familia, la cual integramos. Son dos cosas distintas. Es más que un edificio, más que un culto. Es la familia a la que pertenecemos. Es imposible cumplir los demás propósitos que Dios tiene en tu vida si no hay comunión. No estás en la tierra para estar solo, para arreglártelas por ti solo en la vida. El hecho es que nos necesitamos unos a otros.
Oremos: Señor ayúdanos a ser parte de tu familia y a vivir en paz y en bien con todos tus hijos, amen.

sábado

Noviembre 3, Viernes.

Dios les guarde y les proteja de todo mal y de toda maldad amigos de “3 Minutos.”
Primero que nada mil disculpas por que me he estado atrasando uno o dos días, pero esta Campaña de 40 Días con Propósito nos toma mucho trabajo y tiempo, así que por favor sean pacientes (aunque yo se que algunos les ayuda porque también van un poquito atrasaditos, je,je)
Bueno, Éxodo 34:14 dice:
Dios es apasionado con respecto a su relación con nosotros. (Parafrase)

Dios está apasionado por ti. Anhela conocerte. Anhela que tú lo conozcas. Anhela fervientemente tener una relación contigo. El dice: Te hice para que me conocieras y me amaras. ¿Por qué no te fijas en mí? El te ama apasionadamente. ¿Saben? He estado casado un buen tiempo. ¿Qué pasaría si me acercara a mi mujer un día y le regalara algo… le dijera: «Cariño, aquí hay unas flores para ti. Te estoy regalando estas flores por tres razones estratégicas: Punto 1, soy tu marido; Punto 2, es nuestro aniversario; punto 3, se supone que los maridos deben regalar flores a sus esposas en los aniversarios. Toma». ¿No estaría encantada? No lo creo. ¿Por qué? Porque quiere que la ame apasionadamente. No quiere que sea por obligación. Quiere pasión. Dios no quiere que lo amemos por obligación, quiere nuestro deseo. Dios no quiere algo así: «Bueno, ya es hora de ir a adorar a la iglesia». «Cómo te amo, Dios». Dios no quiere obligaciones. No quiere rituales, ni religión, ni reglas, ni regulaciones. Quiere una relación. ¡Apasionadamente! Por eso dice: «Quiero que me ames tanto como yo te amo, porque te hice y te he creado precisamente para esto». Ahora bien, sé que esto es difícil para algunos de ustedes que no son por naturaleza muy expresivos.
¿Cómo puedo expresar mis afectos a Dios? Si nunca lo han hecho antes, permítanme decirles cómo pueden empezar. Comiencen diciendo «Gracias». Digan simplemente: «Gracias». Miren a su alrededor y comiencen a agradecer a Dios. «Dios, gracias por este hermoso cielo que tenemos hoy. ¡Qué hermosura!» «Dios, gracias por los verdes árboles». «Gracias por el aire limpio.» «Gracias porque todavía respiro.» «Gracias porque vivo en Estados Unidos (o dondequiera que viva).» «Gracias porque me pude levantar esta mañana.» «Gracias porque tengo qué comer.» «Gracias porque no me estoy muriendo de frío (o de calor, dependiendo donde este en este momento)». Y así pueden seguir y seguir. Todo lo que ven está ahí gracias a Dios. «Dios, gracias por la electricidad». Hay mucha gente que no tiene electricidad, por el agua potable, etc. Muchos de ustedes deben de dar gracias a Dios por sus esposos (as), pues tal vez no se recuerdan de hacerlo muy seguido; también aprovechen y dígale a su pareja: “Le doy gracias a Dios por ti”. Lo puede hacer también por sus hijos o hermanos o padres, etc.
Todo lo que ven es un regalo de Dios. Comiencen, entonces a ser agradecidos. Quizás a ustedes se les ocurra cientos de otras cosas por las que agradecer a Dios. Es un buen comienzo para comenzar a expresar su amor a Dios. Todo lo que El ha hecho, lo ha hecho para ti, Jesús te ama y ha expresado Su amor en todo lo que ves, pero sobre todo lo hizo en la cruz.
Ahora te invito a que veas este videoclip que hicimos para esta semana y reflexiona en lo que leíste y en lo que estas a punto de ver. ¡Que sea de bendición a tu vida!

jueves

Noviembre 1, Miercoles

Que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento humano, sea con cada uno de ustedes amigos fieles de “3 Minutos”.
La continuación del primer propósito para nuestra vida surge a partir deel pasaje bíblico de Marcos 12:30 que dice:
«Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas».

Quiero señalar que Dios quiere que lo ames de tres maneras: Primero, Dios quiere que lo ames con inteligencia. Dice «Ama a Dios... con toda tu mente». En otras palabras, quiere que lo pienses dos veces, que no lo hagas sin pensar. Quiere que lo adores con inteligencia, que lo conozcas y lo ames inteligentemente.
Segundo, Dios quiere que lo ames con entusiasmo. Dios dice: «con todo tu corazón, con toda tu alma». Quiero que me ames con fervor, porque así te amo yo. Y, tercero, Dios dice que quiere que lo amemos con hechos. En la práctica. Ámalo «con todas tus fuerzas», con tus capacidades. Porque verán, la verdad es que aunque Dios creó a todo el mundo, y al universo, y te creó a ti, hay tres cosas que Dios no tiene si no se las das. No tiene tu atención si no se la prestas. Eso es amar a Dios con tu mente. No tiene tu afecto si no se lo brindas. Eso es amar a Dios con tu corazón y tu alma. Tampoco tiene tu capacidad, si no se la entregas. Eso es amar a Dios con tus fuerzas. Y siempre que tomemos algo que Dios nos dio —porque, por supuesto, todas esas cosas él te las dio primero: tienes la atención, la posibilidad de prestar atención; tienes afectos; tienes fuerzas y capacidades porque Dios te las dio—…siempre que tomemos algo que Dios nos dio y se lo entreguemos de nuevo a Dios, eso es el corazón de la adoración.
La adoración es centrar la atención en Dios. Es concentrar mi mente, mis pensamientos, mi atención en Dios. Requiere energía. Se requiere que apliquemos la actividad mental a Dios. No es solo realizar los gestos sino pensar en serio, de verdad. Cosa que no siempre es fácil. ¿Saben por qué Dios quiere que se concentren en él? Porque él se concentra en nosotros. Miren lo que nos dice la Biblia en el Salmo 39, de los versículos 1 a 3: «Señor, tú me has examinado y me conoces; tú conoces todas mis acciones; aun de lejos te das cuenta de lo que pienso. Sabes todas mis andanzas, ¡sabes todo lo que hago!» Dios centra su atención en ti. ¿Lo sabías? Dios te presta atención constante, nunca te pierde de vista. Nunca deja de pensar en ti. Porque te hizo para amarte. Te hizo para prestarte atención. La más grande expresión de amor es a menudo esa atención. Algunos hombres se quejan: «Mi esposa, mis hijos, dicen que no los amo. Pero si hago cosas por ellos. Trabajo todos los días por ellos ¿por qué no sienten que los amo?» Porque quieren tu atención. La atención es una expresión increíble de amor. Y Dios continuamente pone su atención en nosotros. ¿Recuerdas la primera vez que te enamoraste? No podías dejar de pensar en esa persona. Pensabas en ella cuando te despertabas en la mañana. Pensabas en ella en los momentos de descanso. ¿No pensabas en ella todo el día? Te pasabas todo el día pensando en esa persona. Eso es el enamoramiento y con el tiempo se va. Pero Dios... la Biblia nos dice que su amor por nosotros es eterno. Él siempre nos tiene presente, y quiere enseñarnos a poner nuestro corazón y centrar nuestra atención en él. En Romanos 8:7, «Centrarse en uno mismo es lo contrario de centrarse en Dios. El distraído ignora a Dios y acabará pensando más de sí mismo que de Dios». Debemos decidir, entonces, centrarnos en Dios. En primer lugar, se puede comenzar apartando un tiempo diario para estar con Dios. Solo unos pocos minutos durante el día. No importa cuándo —al comienzo del día, durante el día, o al final del día—, pero apartemos un momento en que dejemos de hacer todo lo demás y lo dediquemos a estar con Dios. Habla con él, lee su Palabra. Solo necesitas encontrar un lugar donde puedas concentrarte en Dios: tu automóvil cuando conduces al trabajo, algún lugar en el jardín, un rincón en la sala o donde sea, pasen el tiempo con él, sinceramente, fijen un tiempo para estar con Dios.
¡Bendiciones!