Que la paz y el amor del Señor sea con todos ustedes amigos de “3 Minutos con Dios”.
Continuamos esta semana con el segundo propósito de Dios para tu vida: Pertenecer a Su familia a través de la comunión con los demás creyentes.
Ahora veremos los cuatro niveles de la comunión. El primer nivel es: Elegir pertenecer o sea la membresía. Significa que debes encontrar una iglesia para que sea tu familia, y tú mismo eliges unirte a ella.
Veamos lo que nos dice la Biblia en Efesios 2:19
Ya son ustedes... miembros de la familia de Dios, ciudadanos del país de Dios y conciudadanos de los cristianos de todas partes.
Son miembros.
La vida cristiana no se limita a creer. Es cuestión de pertenecer, y tú y yo debemos elegir ser miembros. La comunión comienza con la pertenencia, con hacer una elección. Dios quiere que te identifiques con esta elección de integrar su familia. Cuando naciste, automáticamente te convertiste en parte de la especie humana. Pero tienes que elegir pertenecer a la familia de Dios, a la iglesia. Es una opción. Es optar por ser miembro. ¿Saben? Alguna gente dice: «Sí, soy cristiano pero no pertenezco a ninguna iglesia». No tiene sentido. La iglesia es donde vives en los hechos lo que significa ser cristiano. Es como decir: «Soy un jugador de fútbol, pero no quiero ser parte del equipo». No funciona así. Es como decir «Soy una abeja, pero no quiero pertenecer a una colmena». Es como un soldado sin un batallón. Un cristiano sin una familia en la iglesia es un huérfano. Dios quiere que integremos una familia.
La Biblia nos dice estos en Romanos 12:5 También nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. Con esta decisión que tomamos, entre los cristianos nos pertenecemos unos a otros. Estamos unidos como miembros. Sé que la palabra «membresía» puede sonar algo rara. ¿Pero sabían que esta palabra tiene origen cristiano? Surgió de estos versículos de la Biblia. Sé que hoy también se usa para ser miembros de cualquier tipo de club y para registrarse en esto y aquello. Pero en sus orígenes, el significado estaba aquí en la Biblia, un miembro del cuerpo de Cristo. Así como tu mano es un miembro de tu cuerpo, así de unidos estamos entre nosotros. No se trata de ser parte de un club cualquiera. Se trata de estar unidos entre nosotros, de elegir integrar una familia. Verán, en muchas partes existen lo que se llama, creyentes flotadores, gente que va de iglesia en iglesia. Una semana, soy parte de esta iglesia, y a la otra semana: ¡Ah! hay mucho movimiento por ahí y allá voy. Y a la siguiente, vamos para allá. Si quieres crecer, si deseas ver a Dios obrando en tu vida, tienes que unirte a un cuerpo. Si te dejas flotar de iglesia en iglesia es como si… Pongamos por ejemplo que eres el hígado del Cuerpo de Cristo —esa fue la tarea que Dios te encomendó— no puedes extirparte de un cuerpo y unirte a otro. Si lo intentaras… Si lo hicieras con un órgano, se secaría y moriría. Lo mismo nos pasa a los creyentes de no unirnos a un grupo de creyentes, donde podamos decir: «Quiero ser parte de lo que pasa aquí». Jesús ama a la iglesia. Y tú y yo necesitamos tener este mismo amor. Jesús llama a las iglesias el «cuerpo». ¿Qué pasaría si te dijera: «Te amo», pero no me gusta tu cuerpo? ¿Cómo te sentirías? La iglesia es el cuerpo de Jesús. Él ama a su iglesia. La iglesia es la esposa de Cristo. ¿Qué si dijera: «Te quiero mucho, pero no soporto a tu esposa»? ¿Qué dirías?
La iglesia es la esposa de Cristo y como Jesús ama a la iglesia, este grupo unido de creyentes que crecen juntos, tú y yo necesitamos tener el mismo amor por este cuerpo: tomando una decisión, eligiendo pertenecer a una iglesia y comprometiéndonos con ella.
Oremos: Señor ayúdanos a apreciar tu Iglesia y a formar parte de ella a través de tu perdón y de tu amor.
Continuamos esta semana con el segundo propósito de Dios para tu vida: Pertenecer a Su familia a través de la comunión con los demás creyentes.
Ahora veremos los cuatro niveles de la comunión. El primer nivel es: Elegir pertenecer o sea la membresía. Significa que debes encontrar una iglesia para que sea tu familia, y tú mismo eliges unirte a ella.
Veamos lo que nos dice la Biblia en Efesios 2:19
Ya son ustedes... miembros de la familia de Dios, ciudadanos del país de Dios y conciudadanos de los cristianos de todas partes.
Son miembros.
La vida cristiana no se limita a creer. Es cuestión de pertenecer, y tú y yo debemos elegir ser miembros. La comunión comienza con la pertenencia, con hacer una elección. Dios quiere que te identifiques con esta elección de integrar su familia. Cuando naciste, automáticamente te convertiste en parte de la especie humana. Pero tienes que elegir pertenecer a la familia de Dios, a la iglesia. Es una opción. Es optar por ser miembro. ¿Saben? Alguna gente dice: «Sí, soy cristiano pero no pertenezco a ninguna iglesia». No tiene sentido. La iglesia es donde vives en los hechos lo que significa ser cristiano. Es como decir: «Soy un jugador de fútbol, pero no quiero ser parte del equipo». No funciona así. Es como decir «Soy una abeja, pero no quiero pertenecer a una colmena». Es como un soldado sin un batallón. Un cristiano sin una familia en la iglesia es un huérfano. Dios quiere que integremos una familia.
La Biblia nos dice estos en Romanos 12:5 También nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. Con esta decisión que tomamos, entre los cristianos nos pertenecemos unos a otros. Estamos unidos como miembros. Sé que la palabra «membresía» puede sonar algo rara. ¿Pero sabían que esta palabra tiene origen cristiano? Surgió de estos versículos de la Biblia. Sé que hoy también se usa para ser miembros de cualquier tipo de club y para registrarse en esto y aquello. Pero en sus orígenes, el significado estaba aquí en la Biblia, un miembro del cuerpo de Cristo. Así como tu mano es un miembro de tu cuerpo, así de unidos estamos entre nosotros. No se trata de ser parte de un club cualquiera. Se trata de estar unidos entre nosotros, de elegir integrar una familia. Verán, en muchas partes existen lo que se llama, creyentes flotadores, gente que va de iglesia en iglesia. Una semana, soy parte de esta iglesia, y a la otra semana: ¡Ah! hay mucho movimiento por ahí y allá voy. Y a la siguiente, vamos para allá. Si quieres crecer, si deseas ver a Dios obrando en tu vida, tienes que unirte a un cuerpo. Si te dejas flotar de iglesia en iglesia es como si… Pongamos por ejemplo que eres el hígado del Cuerpo de Cristo —esa fue la tarea que Dios te encomendó— no puedes extirparte de un cuerpo y unirte a otro. Si lo intentaras… Si lo hicieras con un órgano, se secaría y moriría. Lo mismo nos pasa a los creyentes de no unirnos a un grupo de creyentes, donde podamos decir: «Quiero ser parte de lo que pasa aquí». Jesús ama a la iglesia. Y tú y yo necesitamos tener este mismo amor. Jesús llama a las iglesias el «cuerpo». ¿Qué pasaría si te dijera: «Te amo», pero no me gusta tu cuerpo? ¿Cómo te sentirías? La iglesia es el cuerpo de Jesús. Él ama a su iglesia. La iglesia es la esposa de Cristo. ¿Qué si dijera: «Te quiero mucho, pero no soporto a tu esposa»? ¿Qué dirías?
La iglesia es la esposa de Cristo y como Jesús ama a la iglesia, este grupo unido de creyentes que crecen juntos, tú y yo necesitamos tener el mismo amor por este cuerpo: tomando una decisión, eligiendo pertenecer a una iglesia y comprometiéndonos con ella.
Oremos: Señor ayúdanos a apreciar tu Iglesia y a formar parte de ella a través de tu perdón y de tu amor.
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