Que Dios les guarde y les llene de bendiciones en sus familias, lugares de trabajo y en sus vidas en general, amigos de “3 Minutos”.
Continuamos con el segundo nivel de la comunión y consiste en aprender a compartir. Lo llamamos «el nivel de la amistad». Dios te creó a su imagen y, por lo tanto, fuiste hecho para relacionarte. La Biblia dice: «No es bueno que el hombre esté solo». En otras palabras, fuimos hechos el uno para el otro. La vida no es una obra unipersonal. Necesitamos tener amigos. La Biblia dice esto en Hechos 2:44:
Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común.
Fíjense en dos cosas: La primera, no podemos desarrollar un amistad sin estar juntos. La segunda, no podemos desarrollar una amistad sin tener cosas en común. Entonces, cuánto más seguido nos reunamos, tanto más cercanos seremos. ¿Saben por qué la mayoría de las personas están solas? Porque no dedican tiempo a las amistades. Están demasiado ocupadas en conseguir cosas, muy ocupadas en su trabajo, muy ocupadas haciendo otras tareas. No están dispuestas a dedicar tiempo a los amigos. Para tener amigos hay que reunirse, estar juntos, y hasta tanto no hagan de esto una prioridad en sus vidas, no podrán cultivar una amistad en serio. Tampoco se puede cultivar una amistad sin compartir. El versículo nos dice que «tenían todo en común». Ahora, quienes son padres saben que una de las lecciones fundamentales que los niños deben aprender es aprender a compartir. Pero, ¿qué tenemos que compartir? La Biblia está llena de instrucciones con respecto a lo que debemos compartir entre todos los cristianos. Permítanme mencionar apenas tres. En primer término, la Biblia dice que debemos compartir nuestras experiencias. Las experiencias. La Biblia dice que la gente aprende una de otra como «El hierro se afila con el hierro». Conviene aprender de la experiencia ajena, porque así evitaremos cometer los mismos errores. Pues, si todo lo que aprendemos en la vida lo aprendemos personalmente, probando y equivocándonos, sufriremos muchos problemas innecesarios y para cuando descifremos todo, ya estaremos muertos. No tenemos suficiente tiempo en esta vida para aprender todo por nuestra cuenta. Por eso Dios nos dice que podemos acortar el proceso y aprender más rápido si aprovechamos las experiencias de los demás. Nadie sabe todo. Todos somos ignorantes, solo que ignoramos distintas cosas. Entonces, tú sabes algunas cosas que yo desconozco y yo sé otras que tú ignoras.
En segundo lugar, la Biblia nos manda compartir nuestros hogares. Debemos compartir nuestros hogares. La Biblia, en 1 Pedro 4:9 dice: «Practiquen la hospitalidad entre ustedes sin quejarse». ¿Por qué habría Dios de decirnos eso? ¿Por qué debemos compartir nuestros hogares? Les diré por qué, porque no podemos tener comunión en una multitud. La comunión solo es posible en grupos pequeños. O entre dos. Por eso la Biblia nos manda abrir nuestros hogares. ¿Sabían que durante los primeros 300 años del cristianismo no había templos? La iglesia se reunía en los hogares. Para todas las reuniones. No había edificios especiales. Y en tercer lugar debemos compartir nuestros problemas. No estamos aquí para enfrentar solos nuestros problemas. La Biblia dice que debemos compartir las dificultades y los problemas. ¿Sabían que cuando comparten una alegría, la alegría se multiplica; y que cuando comparten un problema, se dividen la carga? La Biblia dice: «Lloren con los que lloran y alégrense con los que se alegran». Eso implica un oído atento. Es sencillamente brindar comprensión y experiencia. Pero no será posible avanzar a este segundo nivel en la comunión si no tienen por amigos a otros creyentes. Por eso la Biblia dice en Hebreos 10:25: «No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros». El propósito primario en el concepto de un grupo es animarnos unos a otros.
Continuamos con el segundo nivel de la comunión y consiste en aprender a compartir. Lo llamamos «el nivel de la amistad». Dios te creó a su imagen y, por lo tanto, fuiste hecho para relacionarte. La Biblia dice: «No es bueno que el hombre esté solo». En otras palabras, fuimos hechos el uno para el otro. La vida no es una obra unipersonal. Necesitamos tener amigos. La Biblia dice esto en Hechos 2:44:
Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común.
Fíjense en dos cosas: La primera, no podemos desarrollar un amistad sin estar juntos. La segunda, no podemos desarrollar una amistad sin tener cosas en común. Entonces, cuánto más seguido nos reunamos, tanto más cercanos seremos. ¿Saben por qué la mayoría de las personas están solas? Porque no dedican tiempo a las amistades. Están demasiado ocupadas en conseguir cosas, muy ocupadas en su trabajo, muy ocupadas haciendo otras tareas. No están dispuestas a dedicar tiempo a los amigos. Para tener amigos hay que reunirse, estar juntos, y hasta tanto no hagan de esto una prioridad en sus vidas, no podrán cultivar una amistad en serio. Tampoco se puede cultivar una amistad sin compartir. El versículo nos dice que «tenían todo en común». Ahora, quienes son padres saben que una de las lecciones fundamentales que los niños deben aprender es aprender a compartir. Pero, ¿qué tenemos que compartir? La Biblia está llena de instrucciones con respecto a lo que debemos compartir entre todos los cristianos. Permítanme mencionar apenas tres. En primer término, la Biblia dice que debemos compartir nuestras experiencias. Las experiencias. La Biblia dice que la gente aprende una de otra como «El hierro se afila con el hierro». Conviene aprender de la experiencia ajena, porque así evitaremos cometer los mismos errores. Pues, si todo lo que aprendemos en la vida lo aprendemos personalmente, probando y equivocándonos, sufriremos muchos problemas innecesarios y para cuando descifremos todo, ya estaremos muertos. No tenemos suficiente tiempo en esta vida para aprender todo por nuestra cuenta. Por eso Dios nos dice que podemos acortar el proceso y aprender más rápido si aprovechamos las experiencias de los demás. Nadie sabe todo. Todos somos ignorantes, solo que ignoramos distintas cosas. Entonces, tú sabes algunas cosas que yo desconozco y yo sé otras que tú ignoras.
En segundo lugar, la Biblia nos manda compartir nuestros hogares. Debemos compartir nuestros hogares. La Biblia, en 1 Pedro 4:9 dice: «Practiquen la hospitalidad entre ustedes sin quejarse». ¿Por qué habría Dios de decirnos eso? ¿Por qué debemos compartir nuestros hogares? Les diré por qué, porque no podemos tener comunión en una multitud. La comunión solo es posible en grupos pequeños. O entre dos. Por eso la Biblia nos manda abrir nuestros hogares. ¿Sabían que durante los primeros 300 años del cristianismo no había templos? La iglesia se reunía en los hogares. Para todas las reuniones. No había edificios especiales. Y en tercer lugar debemos compartir nuestros problemas. No estamos aquí para enfrentar solos nuestros problemas. La Biblia dice que debemos compartir las dificultades y los problemas. ¿Sabían que cuando comparten una alegría, la alegría se multiplica; y que cuando comparten un problema, se dividen la carga? La Biblia dice: «Lloren con los que lloran y alégrense con los que se alegran». Eso implica un oído atento. Es sencillamente brindar comprensión y experiencia. Pero no será posible avanzar a este segundo nivel en la comunión si no tienen por amigos a otros creyentes. Por eso la Biblia dice en Hebreos 10:25: «No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros». El propósito primario en el concepto de un grupo es animarnos unos a otros.
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