sábado

Noviembre 24

Que las bendiciones de Dios sean sobre cada uno de ustedes amigos siempre de “3 Minutos”.
Hoy continuamos con la última parte del cuarto propósito de Dios para tu vida. El día de ayer celebramos el Día de Acción de Gracias y tuvimos una reunión en el gimnasio de la iglesia con mas de 120 personas que se reunieron para testificar de su agradecimiento por todas las cosas que Dios les ha dado. Por “coincidencia” hoy empezaremos precisamente con ese tema.
La Biblia nos dice en Juan 11:41-42:
«Jesús, alzando la vista, dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente.» «Quiero que sepan que te agradezco de que me hayas escuchado».
El servicio conlleva estar disponible. Pero también en segundo lugar para servir como Jesús, debemos ser agradecidos, agradecidos por la oportunidad que tenemos de servir. Jesús tenía una actitud de agradecimiento en todo lo que hacía. Comenzaba con gratitud. Era su actitud en el ministerio. Puedes pensar: «Yo también sería agradecido si pudiera resucitar a los muertos». Sin embargo, Jesús también era agradecido en los momentos difíciles. Jesús era agradecido cuando lo criticaban. Jesús era agradecido cuando las cosas se ponían difíciles en el ministerio. Fue la actitud que caracterizó a su ministerio. Su ministerio y los milagros siempre se desarrollaron con esta actitud de agradecimiento. El apóstol Pablo fue agradecido. Dijo: «Doy gracias a Jesucristo porque confió en mí. Me dio este trabajo de servirle». Y la Biblia habla acerca de nuestra actitud de agradecimiento en el Salmo 100:2. Leamos juntos y «con gratitud» este versículo: «Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo».
¿Por qué servimos a Dios con gratitud? ¿Qué motivos tenemos para estar agradecidos? ¿Por qué disfrutamos sirviendo a Dios y no lo hacemos por obligación? No servimos por obligación sino agradecidos por la gran oportunidad que nos ha dado. Le servimos con gratitud porque él entregó su vida mediante Jesucristo. ¡Nos salvó! Si eso fuera lo único que hubiera hecho por nosotros, sería motivo suficiente para estar agradecidos por el resto de nuestra vida y servirle. Veamos los que la Biblia dice al respecto en 2 Timoteo 1:9: «Él es quién nos salvó y escogió para su obra santa, no porque lo merecíamos sino porque estaba en su plan». Nos salvó, y en agradecimiento por lo que hizo por nosotros, ahora le servimos.
Ahora bien hay algunas cosas que se interponen en el camino. Por ejemplo, uno de esos obstáculos es la comparación y la crítica. Cuando nos comparamos con los demás, cuando criticamos a los demás, ese obstáculo nos impide ser agradecidos. En Romanos 14:4 dice: «¿Quién eres tú para juzgar al siervo de otro? Que se mantenga en pie, o que caiga, es asunto de su propio señor». Todos somos siervos. Por lo tanto, lo que importa es la opinión del Señor: ni mi opinión ni la tuya ni la de nadie. La competencia entre nosotros, en materia de servicio, no tiene absolutamente ningún sentido. Al fin de cuentas, estamos en el mismo equipo. Tenemos la misma meta. Estamos intentando promover a Dios en el mundo, para que el mundo sepa lo bueno que Él es. Él nos ha dado diferentes capacidades, diferentes tareas.
Comienzo a vivir más que nunca procurando la aprobación de Dios y no la aprobación de los demás, vivo para una audiencia de Uno.
El segundo obstáculo que puede interponerse son los motivos equivocados. La Biblia se refiere a esto en Mateo 6:1, cuando Jesús dijo: «Cuando hagas buenas obras, no trates de vanagloriarte. Si lo haces, no recibirás recompensa de tu Padre en el cielo». Podemos servir como pretexto para presumir. La autopromoción y el servicio no van juntos, pero es fácil mezclarlas. Mucho de nuestro servicio, seamos sinceros, puede beneficiarnos en ocasiones. Necesitamos ser sinceros con nosotros mismos. Servimos a los demás porque deseamos que nos quieran. Servimos porque queremos que nos admiren. Servimos para lograr nuestras metas. Servimos para «negociar» con Dios. Decimos: «Dios, te serviré y tú te encargas de mí ¿de acuerdo?». Hay muchos motivos equivocados. Servimos, pero todo el tiempo pensamos en lo noble que somos. Somos humildes, pero todo el tiempo ¡estamos orgullosos de lo humilde que somos! Esa es la lucha del servicio. Reconozcámoslo, ser siervos es nuestra manera de manipular a Dios. Y es difícil reconocer estas motivaciones equivocadas. Yo las tengo, tú las tienes. ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes saber si obras por los motivos equivocados? La gratitud. Esa es la actitud. Cuando pierdes el sentimiento de gratitud, de agradecimiento por la vida, puedes tener la certeza de que hay algo mal con tu motivación. En el instante en que pierdas la gratitud, es un fiel indicador, no podrás saber qué es pero date cuenta de hay algo que anda mal con la motivación del servicio en tu vida. Los motivos equivocados tienen poca vida. Sirvamos mejor a Dios por agradecimiento, por lo MUCHO que El nos ha dado, nos ha dado manos y brazos, pies y piernas, boca y voz, ojos y vista y tantísimas cosas más que a veces no nos percatamos de lo mucho que tenemos, que El nos ha dado. Pidamos juntos que Dios nos ayude a no servir por los motivos equivocados y que siempre caminemos en verdadera humildad y rectitud de corazón; les animo a que lo hagamos hoy mismo. Amen. Siga este vinculo (link) y vea el testimonio de Tony Melendez para que medites en tu propia vida.

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