jueves

Enero 9

Dios les guarde y les llene de alegría y paz cada día de sus vidas, amigos de “3 Minutos”.

Es un privilegio como siempre poder comunicarnos son ustedes por este medio y ser parte de lo que Dios usa para alimentarle espiritualmente. También agradecemos por todos aquellos que nos escriben y nos dejan saber como este pequeño devocional les ministra a sus vidas, en verdad que es un honor servir a Dios sirviéndoles a ustedes y a todos aquellos que escuchan o bajan las predicas por Internet ya que son cientos de personas que lo están haciendo mensualmente y con los cuales nos sentimos en deuda; solo que a veces se nos atrasa mucho el trabajo debido a los distintos programas y obligaciones que tenemos, pero sean pacientes con nosotros e incluso si hay algún amigo de “3 Minutos” que desee ayudarnos a editar las predicas en audio, háganoslo saber para darle los detalles.


Estamos en Deuda

Romanos 1:8-17

Tengo obligación tanto para con los griegos como para con los bárbaros, para con los sabios como para con los ignorantes. Vr. 14

Una mujer que compraba en el supermercado, subestimó el costo total de sus provisiones. Cuando el cajero sumó los artículos, a la mujer le faltaban cuatro dólares. Entonces sucedió algo inusual. Un hombre que estaba detrás de ella en la fila del cajero la vio buscando en su cartera y le hizo señas al dependiente para que pusiera la cantidad faltante en su factura. Con modestia rehusó dar su nombre a la mujer.

Unos días después, el periódico local informó que una organización caritativa había recibido un cheque de cuatro dólares con la siguiente nota: «Este cheque es por el hombre que me ayudó cuando yo me encontraba en apuros. Se me ocurrió la idea de enviárselo a ustedes como agradecimiento a él.»

Este incidente ilustra un principio espiritual vital. Deberíamos sentir la obligación de pasar a otros la amabilidad que nos han mostrado a nosotros. Fue así como el apóstol Pablo respondió a la misericordia de Dios. Claro, él nunca hubiera podido pagar al Señor por su salvación, pero eso no le impidió demostrar abiertamente su gratitud. Gracias a lo que había recibido, demostró la más elevada forma de caridad: compartir el evangelio con los demás.

No vayamos a pensar que porque no podemos pagar a Dios por salvarnos no le debemos nada. Tenemos una deuda con Él por todo. Lo menos que podemos hacer es demostrar nuestro agradecimiento hablando a otros de Él, haciéndoles el bien. Muchas veces los creyentes se preguntan ¿Cómo puedo yo ayudar a mi jefe que no le hace falta nada? Lo puedes ayudar eternamente hablándole del Señor y de cómo El cambio tu vida y de la esperanza que te ha dado. ¡Bendiciones!

Pastor Roga

Idea central del mensaje por: MRD

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